No quiero formar parte de un lugar en el que se persigue a la gente por no sufrir como propio el dolor ajeno. Un lugar en el que lo socialmente aceptado es escribir DEP junto a la foto de un lazo negro en todas tus redes sociales, pero en el que eres señalado como un monstruo si admites que en realidad no te importaban las personas ahora fallecidas. Lo cual no significa que las desprecies ni que pretendas incitar al odio hacia ellas. Simplemente, te son indiferentes, porque hasta ayer no sabías ni que existían esas personas. Un lugar en el que la hipocresía se aplaude y el chiste, malo o bueno, se censura.
Un lugar cuyos dirigentes hace unas semanas marchaban del brazo en Francia "en defensa de la libertad de expresión", mientras hoy ordenan a sus fuerzas de seguridad que investiguen chascarrillos estúpidos. Me pregunto si también serían investigados mi abuelo y sus colegas, que posiblemente ayer hicieran comentarios similares en el bar. No quiero formar parte de un lugar en el que está muy bien escribir "todo mi apollo ke fuerte ke dolor de familias ke siento como mio D.E.P siempre kon vosotros!!!" y muy mal cuestionarse dónde empieza la ética de uno y acaba la de otro. Un lugar de pose, de selfie, en el que la gente se indigna ante el hecho de que tal o cual personaje público, ante una tragedia, no haya actualizado su perfil, en lugar de preguntarse qué hace o hará realmente (en la vida tangible, esa que tanto estamos descuidando) por cambiar o al menos mitigar las cosas feas de este planeta. Un lugar sucio, asqueroso, en el que la satisfacción se mide en pulgares hacia arriba mal dibujados y se mira peor al que pregunta que al que sabemos que finge su dolor.
Un lugar en el que, sin embargo, me he topado con mentes maravillosas, con algunas de las cuales me agradaría seguir divagando. Si eres una mente maravillosa de las de mi bando, manifiéstate. Mientras tanto, Twitter, que te den mucho por culo.


















































