En realidad llevaba mucho tiempo queriendo escribir algo con este título, sin saber exactamente qué quería escribir con este título. La excusa me la ha dado el inminente 14 de Febrero, sábado, día grande de los Carnavales en muchas poblaciones, y onomástica también de aquel religioso que casaba personas hace mucho tiempo. Eso, Momo contra Venus. En la misma jornada, y todo por un módico precio a ingresar en su charanga o su Corte Inglés correspondiente.
En nombre de Venus se regalan orquídeas las parejas estables (el año que mi entonces novio me regaló una orquídea, confirmé que, en Hefesto, la relación estaba muerta), y las parejas estúpidas se mandan emoticonos de whatsapp que forman un gran corazón de whatsapp. En nombre de Momo, personas que no saben quién es Momo bailan en las calles, se emborrachan al mediodía, a veces se desnudan en carrozas o gritan consignas inconexas con mucha purpurina en los carrillos y en los ojos.
Y yo que creo que es al revés. Que la tradicionalmente invocada como diosa del Amor en realidad es una ramera barata que se congratula de los placeres hedonistas de las juergas que preceden al Miércoles de Ceniza. Y el tradicionalmente evocado como dios del Cachondeo tiene más corazón que deidad alguna ha pisado el Monte Olimpo por los siglos de los siglos. Que las danzas carnavaleras en supuesto honor a Momo, en realidad son tributo a Venus, quien aplaude el intercambio carnal y callejero entre jóvenes y no tan jóvenes desconocidos casquivanos. Y el intercambio de exhibición de seudo amor en una fecha tan señalada en supuesto honor a Venus, en realidad es tributo a Momo, aunque me da en la nariz que él no apostaría un duro por un sentimiento promocionado por Facebook.
No me piden sesudos análisis ni referencias bibliográficas que remitan a textos de Hesiodo, Homero, Robert Graves, Pierre Grimal y compañía. Sé que es así, porque no está escrito. Y sé que es verdad, porque me lo he inventado yo.
