Cuando os ponéis en plan digno, en vuestras cuentas de Twitter y Facebook, esas que edulcoráis hasta el vómito, cuando compartís consignas tipo "INDIGNANTE, UN ASESINO!", como si acaso no hubieseis visto nunca un asesino, cuando ralláis la náusea escribiendo lo buenos que sois, compartiendo imágenes de gatitos o lazos de colores, os juro que me arrebatáis las ganas de salvaos, pandilla de subnormales. Porque vosotros, por supuesto, jamás de los jamases veríais una entrevista a Miguel Ricard, ¿a que no? Al igual que no visteis la de la madre del Cuco, vamos, nadie, audímetros a cero aquella noche, qué mal lo pasamos en 'La noria', ¡que no nos veía nadie, nadie! Como nadie ve nunca-never a Belén Esteban, en todas y cada una de sus reapariciones, ni nadie ve los especiales sobre Asunta que se marca mi querido Nacho Abad en la cadena de la competencia, vamos, nunca.
(Imagen de Facebook moralmente correcta)
Yo entrevistaría a Miguel Ricart. Seguramente no tengo escrúpulos ni moral. No me importa, y me da que tampoco me hacen falta. Prefiero ir tirando sin ellos que dar coba a una censura, callarme algo o, mucho peor aún, imponer que otros se callen algo.
Yo entrevistaría a Miguel Ricart. Me parece bastante más sucio entrevistar, también previo pago, a desoladas 'víctimas': allegados de muertos que mitigan el dolor sentando el culo en el mullido sofá del plató, y que no pueden hablar de nada más que de eso: del dolor. No pueden explicar el crimen, ni dar alguna clave que nos explique, o lo intente, el por qué ha pasado lo que ha pasado. Sólo pueden hablar de su dolor, y luego poner el cazo. Claro que la culpa de todo esto la tiene el hijo de puta que marcó un antes y un después en lo de lucrarse de luctuosos sucesos: Gerry McCann.
Y no, no hablaría así si fueran mis muertos. Aunque supongo que, a estas harturas, con el bagaje de mis 57 años
Yo entrevistaría a Miguel Ricart. Le preguntaría de todo y, aunque no me cuadra del todo lo de pagar (desde que mi partido no reparte sobres, estoy a dos velas), supongo que le pagaría. Y a José Bretón. Y probablemente tú también.




































































