lunedì 30 dicembre 2013

martedì 3 dicembre 2013

Yo entrevistaría a Miguel Ricart

Yo entrevistaría a Miguel Ricart. Yo, de ser Susanna Griso o Ana Rosa Quintana, me sentaría delante de él, para saludarlo o para invitarlo un café, básicamente para escucharlo. No veo problema alguno en hablar con un hombre que, con la ley en la mano, ha cumplido la condena que le fue impuesta; tampoco vería problema alguno en platicar con él aunque aún se encontrara entre rejas, como, por ejemplo, hacía hace décadas Jesús Quintero, que en su programa entrevistó a presos célebres de la época, como Rafi Escobedo.





Cuando os ponéis en plan digno, en vuestras cuentas de Twitter y Facebook, esas que edulcoráis hasta el vómito, cuando compartís consignas tipo "INDIGNANTE, UN ASESINO!", como si acaso no hubieseis visto nunca un asesino, cuando ralláis la náusea escribiendo lo buenos que sois, compartiendo imágenes de gatitos o lazos de colores, os juro que me arrebatáis las ganas de salvaos, pandilla de subnormales. Porque vosotros, por supuesto, jamás de los jamases veríais una entrevista a Miguel Ricard, ¿a que no? Al igual que no visteis la de la madre del Cuco, vamos, nadie, audímetros a cero aquella noche, qué mal lo pasamos en 'La noria', ¡que no nos veía nadie, nadie! Como nadie ve nunca-never a Belén Esteban, en todas y cada una de sus reapariciones, ni nadie ve los especiales sobre Asunta que se marca mi querido Nacho Abad en la cadena de la competencia, vamos, nunca.

(Imagen de Facebook moralmente correcta)

Yo entrevistaría a Miguel Ricart. Seguramente no tengo escrúpulos ni moral. No me importa, y me da que tampoco me hacen falta. Prefiero ir tirando sin ellos que dar coba a una censura, callarme algo o, mucho peor aún, imponer que otros se callen algo. 



Yo entrevistaría a Miguel Ricart. Me parece bastante más sucio entrevistar, también previo pago, a desoladas 'víctimas': allegados de muertos que mitigan el dolor sentando el culo en el mullido sofá del plató, y que no pueden hablar de nada más que de eso: del dolor. No pueden explicar el crimen, ni dar alguna clave que nos explique, o lo intente, el por qué ha pasado lo que ha pasado. Sólo pueden hablar de su dolor, y luego poner el cazo. Claro que la culpa de todo esto la tiene el hijo de puta que marcó un antes y un después en lo de lucrarse de luctuosos sucesos: Gerry McCann.


Yo entrevistaría a Miguel Ricart. Eso no significa que piense que Miguel Ricart es una excelente persona. Creo que políticos y banqueros sin delitos de sangre –esto es discutible, al ser bastante de ellos responsables directos de que la sangre de muchos humanos se derrame–, y que son entrevistados sin polémica social alguna en nuestros medios de comunicación, públicos y privados, también dan soberano asco. Algunos, incluso más que el asesino de Anabel Segura, sospechosamente similar a un personaje de 'La que se avecina'.


Y no, no hablaría así si fueran mis muertos. Aunque supongo que, a estas harturas, con el bagaje de mis 57 años y curtido en dos ministerios, si fueran mis muertos, y en el caso de que no me hubiera vuelto del todo loco, ya habría solicitado yo hablar con Miguel Ricart: hace mucho tiempo, en la cárcel. 


Yo entrevistaría a Miguel Ricart. Le preguntaría de todo y, aunque no me cuadra del todo lo de pagar (desde que mi partido no reparte sobres, estoy a dos velas), supongo que le pagaría. Y a José Bretón. Y probablemente tú también.



Claro que todo esto carece de sentido porque yo no soy Paolo Vasile, sino una pobre vieja que ultima sus días en un pueblo de Galicia y se está muriendo.