Alicante, junio de 1996. Hogueras. La noche de los zapatos en la mano, del Hércules recién ascendido y de las lágrimas de rímel en la almohada. La noche en la que el fuego me lo metí en la glotis de la rabia, de las fotos borrosas de lejos que valían mucho más que los reportajes de iPad. Y de la conversación imaginaria y realísima sin necesidad.
- Para entrar al backstage, necesitas un pase VIP, xiqueta.
- Un pase VIP. Cuando seas mayor, podrás tener uno.
No digo que se me generara un trauma, pero sí se me quedó dentro. Como un tumor benigno que no molesta, como un ovario con endometriosis. Y, seguramente de modo inconsciente, desde aquel instante, desde la noche de los zapatos en la mano, ando buscando pases VIP. No al recinto donde tú estabas en sí, sino (supongo) a la vida. La vida verdadera, vetada cuando tienes 11, 12 y 15 años, cuando tienes un cuerpo que te valga para nada, cuando a veces te sientes como la conciencia cuasi inerte de 'Johnny cogió su fusil'.
Y así me convertí en coleccionista de pases VIP. Pases VIP para departir con los Príncipes de Asturias, con el presidente del Gobierno,
Y este preludio del Día del Amor, por fin me las vi a punto de sacar un pase VIP para tocarte.
"Mójate", dije, cuando en realidad tenía que haber dicho "las historias de verdad bonitas no pueden acabar mal". O "me gusta que me roces el antebrazo y que arrimes tu cara a la mía cuando hables conmigo". O "una vez pensé que eras el adecuado para cambiar el mundo, pero me pasa lo mismo cada vez que me enamoro: creo que el amado es la persona perfecta, la media naranja de los tópicos, para cambiar el mundo, aunque seguramente siempre me equivoco, porque el secreto para cambiar el mundo lo aprendí con la Magia". O "cuántas veces soñé con besarte, cuando aún no sabía besar". O "habrá acaso zona más VIP que mi cuartel general, mi palacio en ruinas, donde me enamoré de otro y nunca me acordé de ti".
Y de golpe me veo paseando contigo, y nos cruzamos con un puñado de soldados nazis, con Napoleón, con el río de los venenos, nos cruzamos con todos los tunos del mundo, que habían tomado la ciudad para no cantarnos canciones, nos cruzamos con la vida hipócrita que explota los sábados en forma de croquetas y gambas rebozadas, que muy poco tiene que ver con la vida verdadera del 17 de Octubre, día del amor, a ver quién es el guapo que me dice que Octubre no se escribe con mayúsculas.
Eres un poco mi prehistoria y mi mentor, y me enseñaste tan a lo bestia a valorar lo intangible que estuve durante años sin preocuparme de tocar nada. Me enseñaste a vivir sin ojos y sin manos, pero con pase VIP. Pase VIP para brindar, para emborracharse y para ser la crónica sucia del baile del Metro de Madrid, del billete de autobús con el que no me perdí en Gran Vía, cuando Gran Vía era más alta y más hostil conmigo, porque con ella tampoco tenía pase VIP. Brindemos por lo que no te contaré nunca, brindemos por los subnormales que permitieron que sus sueños caducasen y no cogieron ningún tren, aunque luego cogieran un avión para hacerse un selfie en Punta Cana. Brindemos por los que no se saben de memoria el 'Bolero' que Google ignora, brindemos por todos los que me hicieron y todos los que te hicieron daño, brindemos por 7º de EGB y por la caja de rotuladores de la tómbola a beneficio del Cuzco. Brindemos por esa sonrisa, porque a veces también está muy bien mirar. Y, mirar, después de haber vivido sin ojos, está mejor. Brindemos porque Alicante se arrodille ante nosotros y nos presente sus respetos.
Mientras, la vida verdadera palpita, sufre, añora y manda correos electrónicos. Y tú preguntas si te lo regalo, y brindamos con Rioja, y recuerdo lo maravilloso que es manipular, engañar, robar, lo maravilloso que es el tráfico de influencias, lo maravilloso que es tener 33 años y no 13, lo maravilloso que es crecer y corromperse sin con eso he llegado a brindar contigo, aunque odies la cerveza y odies el tabaco, el mismo tabaco que te fumabas en Alicante, junio de 1996.
Al final has sido tú quien ha cogido el tren para venir a verme. Verte, que me sonrías encima, es tan alucinante que no le queda otro remedio que ser efímero.
Para perpetuarse.



5 commenti:
Celebro que regreses con fuerza.
Puertas giratorias emocionales.
Un beso
Gracias por el pase.
La purpurina mezclada me confunde, claro que no es de extrañar siendo yo, y no lo tendré en cuenta porque tú eres tú.
Besazos perdida.
Aunque sea desde una esquina co visibilidad limitada, me quedo.
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