amor.
(Del lat. amor,
-ōris).
1. m. Sentimiento
intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia,
necesita y busca el encuentro y unión con otro ser.
2. m. Sentimiento
hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando
reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía
para convivir, comunicarnos y crear.
Mira
si habré repetido veces eso de que lo absurdo es lo más sensato que me
ha pasado en la vida. Pues nada, ni por esas: sigue sorprendiendo.
Sigue sonando a guasa, a chorrada, a parodia, nunca mejor dicho. Lo
cual, por otro lado, me encanta. Espero no volver a tomarme la vida
en serio: tengo un oscuro pasado en el que sí lo hice y, créeme,
fue terrible y demasiado solemne. Ser demasiado solemne nunca trajo
nada bueno y, además, va en contra de mi religión. Esto ya te lo
explicaré algún día en directo, que es metafísica imaginaria.
(OK)
Si
en las dos últimas semanas te han pitado más de la cuenta los
oídos, he sido yo. Ahora te voy a detallar la lista de cosas de las
que tienes la culpa, para que vayas anotando y viendo cómo vamos a
compensar. Empiezo, sí o qué.
Tienes
la culpa de que Carlota y yo hayamos descubierto que hay pensiones en
las que te ofrecen asesoramiento en “salud emocional y en las
relaciones”.
(En
el fondo creo que es una indirecta, como cuando en el hotel de Oporto
nos colocaron un vibrador a modo de ducha):
Tienes la culpa de que Dadá haya captado a más humanos. Hablemos de los humanos. Negaré haber dicho esto, pero hay humanos increíbles. Excelsos, de hecho. El efecto mariposa siglo XXI: un asturiano ex drogadicto la caga y tres muchachas brindan -no precisamente a su salud- en una plaza de nombre ignorado. Hay precedentes de este curioso efecto, como cuando Ángel Garó es entrevistado en 'La noria' para dar pena y una mujer se arrodilla en París delante de la tumba de Tristan Tzara y le pregunta si puede ser su viuda.
Tienes la culpa de que Dadá haya captado a más humanos. Hablemos de los humanos. Negaré haber dicho esto, pero hay humanos increíbles. Excelsos, de hecho. El efecto mariposa siglo XXI: un asturiano ex drogadicto la caga y tres muchachas brindan -no precisamente a su salud- en una plaza de nombre ignorado. Hay precedentes de este curioso efecto, como cuando Ángel Garó es entrevistado en 'La noria' para dar pena y una mujer se arrodilla en París delante de la tumba de Tristan Tzara y le pregunta si puede ser su viuda.
Gracias
a ti he hecho fotos de postal, he abrazado a personas maravillosas,
he visto que hay una tienda que se llama GUSTA...
Gracias
a ti tengo una nueva realidad para poner de ejemplo cuando algún
imbécil diga delante de mis narices que alguna cosa es imposible.
("Qué bonito")
Gracias
a ti apenas pensé en el Amor de Mi Vida el día del cumpleaños del
Amor de Mi Vida.
Aunque
admito que ahora, en el autobús, tengo una tristeza encima que no me
tengo. Supongo que es un bajón de los necesarios. Aunque una sea
consciente del enormísimo poder, resulta recomendable abstraerse un
poco de vez en cuando, rendirse un ratito, suspirar, dudar, incluso
quejarse. Quién sabe si para retomar la ruta (¿se puede decir
“ruta”?) con más acierto, con más fortaleza y con más ganas
que antes. Así que me alegro de estar triste, si la paradoja es
admisible. Es una tristeza t0 WapA regada con resaca, todo hay que
decirlo, pedazo de borracha.
Vamos
a recordar la definición con la que abríamos este post:
amor.
(Del lat. amor,
-ōris).
1. m. Sentimiento
intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia,
necesita y busca el encuentro y unión con otro ser.
2. m. Sentimiento
hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando
reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía
para convivir, comunicarnos y crear.
En
realidad no es preciso que recibas esta carta para que el mensaje sea
cierto. Lo unilateral también es verdadero. Pondré un ejemplo
adaptado a extremeños.
Leonardo
Da Vinci. A mí me gusta Leonardo Da Vinci. A Da Vinci no puedo
gustarle yo, básicamente porque hace siglos que el hombre está
muerto. No obstante, de estar vivo, no veo yo al maestro renacentista
sentándose a tomar mezcales con una dadaísta de tres al cuarto y
encima fea en Malasaña. Conclusión, a Leonardo Da Vinci no le gusto
yo. ¿Vais siguiendo el hilo, extremeños? Bien. Vamos por la parte
de que a Da Vinci no le gusto yo. ¿Eso significa que a mí ya no me
gusta Da Vinci? No, a mí me sigue gustando Da Vinci. ¿Implica que
ya no me deleitaré ante sus cuadros, no podré rezarle muy fuerte a
'La Virgen de las Rocas' ni mover cielo y tierra, vamos, maifren, lo
conseguiremos, para ir a Milano con reserva y ver 'La Última Cena'?
Pues eso. Lo unitaleral también puede ser verdadero. Que no se os
olvide, amiguitos de mentalidad atrofiada.
Hablando
de Extremadura, mira qué cachondos los del puesto de libros de la
estación de tren de tu ciudad adoptiva. Mira qué ejemplares
vendían:
'Historia
literaria de Extremadura' y 'Humanistas extremeños'. Suponemos que
las páginas están en blanco.
Ay,
otra cosa. De símbolos y esas tontadas que me gustan. Saliendo de la
basílica y a mano derecha, Carlota y yo atisbamos algo redondo y
gordo que no era Kiko Rivera no nos costó reconocer. Era...
¡¡¡EL MUNDO!!!
El
mundo. Y al mundo, de un tiempo a esta parte, sólo se le puede
cantar una cosa:
Como
si del mismísimo Cabaret Voltaire se tratase, en el mundo quedó
reflejado -a pintalabios, por supuesto- una consigna que no es
menester que entienda nadie. Como todas las cosas absurdas e
importantes de la vida:
Voy a contar una anécdota a mis
¿Te
has apuntado todo de lo que tienes la culpa? Muy bien. Así que, como
te vuelva a oír diciendo eso de “quiero ver si aún puedo”, voy
a tener que recitarte a la cara la retahíla de cosas que, incluso
sin ser tu voluntad, has podido en apenas 48 horas. Te lo advierto:
me sé poner muy solemne y muy intensa cuando quiero. No te gustaría
comprobarlo.
(Culo de león solemne)












































