lunedì 15 luglio 2013

Los hombres de mi vida

Yo creí que éramos el fuego, pero no: era que ardíamos. 
@LorenzoKraus

P., mi P. primigenio, el mismo con el que me puse contenta en el Barrio Gótico de Barcelona abonando los cubatas con dinero público, me lo decía estaba mañana.

- Se trata de sobrevivir, Lari. De sobrevivir.
- Sobrevivir es una mierda, P. -alego y, como de costumbre, llevo razón-. Sobrevivir es asqueroso, es vomitivo. Es secundario.
- O no -apostilla el que fuera un príncipe y ahora es casi un escombro de sí mismo-. Si te das cuenta, es sobre-vivir. SOBRE-VIVIR. Sobre, por encima de vivir. ¿Ves?
- Si es que en el fondo eres un poeta....


Mi ángel, que me salvó, se murió y resucitó para volver a salvarme, lo señalaba en una de nuestras místicas conversaciones sin voz, días antes de morirse otra vez.

- Yo no puedo estar siempre, pequeño saltamontes -apuntaba y resulta que es verdad-. Te enseñé a hacerlo, no se te puede estar olvidando siempre. Eres muy tontica -esto también es verdad-, mucho. Ahora toca dar carpetazo. Y quemar la carpeta.
- Gracias...
- A mí no me des las gracias, me obliga nuestra religión.


R., a quien no me follé nunca, me acerca en su coche a la trinchera y me habla de las bajas de la última batalla. Veo de lejos a un soldado del bando enemigo que montó el Amor de Mi Vida, pero no le digo que él fue el Amor de Mi Vida y que, probablemente, lo siga siendo. R. es la causa por la que mi amiga L. tuvo que dejar la ciudad precipitadamente, tras admitir, en una de las confesiones públicas y colectivas a las que también le obligaba su religión, el Opus Dei, que bebía los vientos por ese humano, casado a los ojos de Dios y con dos descendientes en su libro de familia. A L. la exiliaron y me la quitaron por amor, el suyo, pero hoy R. me ha acercado en su coche a la trinchera. Me gusta el colegueo antiguo con alguien a quien conozco trece años y que jamás me ha besado en la boca. No por falta de ganas.

- Es que, quien vale, vale -considera mi amigo que no es mi amigo, entre semáforo y semáforo-. Tú no has caído en la limpia por eso. Porque vales.
- No lo tengo yo tan claro, R.
- Vales.


Desde que E. me besó en la boca, sólo sé beber Santa Teresa con Coca-Cola, y pido uno en el bar donde me besó por primera vez, y cuento a mi respetable público cómo me besó por primera vez. A., que también quisiera ser besada por E., me aplaude, se lleva una mano a la cabeza, me aplaude otra vez, sonríe, me envidia, me regala el oído. Yo también me lo regalo. En voz alta. Es justo y necesario.

- … y por eso, a veces pienso: tengo que valer algo por cojones, porque E. me besó en la boca. Aunque haya besado a cien mil tías en cien mil ciudades distintas del globo, una de esas tías he sido yo. Entonces tengo que valer. Porque E. no besa a cualquiera. Ya sabes. E.
- Qué fuerte, tía, cómo molas, joder, tía, qué fuerte.
- Pues la verdad es que sí.


Llega carta desde China y el matasellos está sellado en 1992. La paradoja de lo efímero y lo eterno somos nosotros. Miro grafías en un idioma que no conozco y sonrío por inercia. Sé el secreto para cambiar el mundo, y no pasa por salvar a nadie. No se pueden imponer las salvaciones, no a quien no quiere ser salvado. El Seguramente Verdadero Amor de Mi Vida triunfa y yo me hago eco de su triunfo como planeamos cuando lo sabíamos todo, esto es, cuando teníamos 11 años. Ahora ya apenas sabemos nada, pero de vez en cuando nos acordamos de que sabemos el secreto para cambiar el mundo. Lo verbalizamos juntos en un kebab a las cuatro de la mañana, y luego me amaneció sobre sus rodillas, y el mundo era perfecto y estaba en orden. A nadie le gusta coger autobuses llorando, pero, en nuestro caso, cogerlos significa que hemos vuelto a ganar en todo. Efímero. Y eterno.


El Amor de Mi Vida no me quiere y yo fantaseo con cruzármelo en todas las esquinas de la ciudad. Quiero contarle que me enamoré de otro hombre que tampoco me quiere, y que la culpa la tiene él, por dejar de quererme en 2010. Quiero recordarle que, en caso de que vuelva a quererme, mantengo lo dicho en aquel correo en el que le mandé mi dignidad como archivo adjunto, y que volvería a quererle con todas mis fuerzas, aunque cada vez me queden menos. Quiero complicarme la vida, porque hace demasiados meses que ya no lloro por él, aunque hubo un tiempo en que no sabía dejar de hacerlo. Quiero contarle que sale en un libro que es el spin-off del libro que siempre me insistió en leer, pero que jamás le pasé, porque vale más que él mismo. Quiero pasarle mi dirección, para que venga a casa, en el caso de que algún día quiera tener otra casa. Quiero comentarle que es factible seguir queriéndolo sin tenerlo en primer plano. Sin prácticamente acordarme de que lo quiero.



Y, al final, estoy sola, fumando compulsivamente, comiendo de microondas, en pijama, y la única voz de hombre que suena en casa es la de Horatio Caine en la tele. Qué pena más grande das, Larisa Otero o como te dé la gana de llamarte. Qué asco, qué podredumbre y qué bendición.

7 commenti:

Dol ha detto...

A tus pies.

NáN ha detto...

Así contado, suena bien.

palabricas ha detto...

E de Evaristo.
Lo de cruzarse en las esquinas de las calles depende un poco del tamaño de la ciudad, en mi caso es algo que me sucede habitualmente. De ahí mi enfermedad inolvidable y mis ñoñerías adolescentes. Pero sobre-vivo, más gracias a lo segundo que a lo primero. Y tú también.
Venga, va un abrazo con tonito veraniego.

Anonimo ha detto...

Joer, chica, que mala suerte, lo siento. De todos modos recuerda que yo te sigo esperando aquí, en Quinta avenida entre las calles 59th y 50th. Justo enfrente del Rockefeller Center. Te estoy esperando para besarte apasionadamente. ;) No tardes.

Anonimo ha detto...

Bueno, mientras no despiertes desnuda en la cama de Kiko Hernández no está todo perdido.

Ahora en serio, creéme, podría ser peor. Hay algunos subnormales por ahí que se dedican a piratear facebooks y aplaudir como focas amaestradas con cada migaja de información inútil que encuentran del Amor/obsesión/putalocurasinlógicaalguna de su Vida.
Todo por no admitir que hace tiempo que están fuera de la partida, o mejor, que nunca formaron parte de ella.
Esos gilipollas son los peores, si pudiera los apalearía.
Ciao.

Esilleviana ha detto...

Hacía tiempo que no te leía. Tus letras se ven muy mejor con ese ron Santa Teresa acompañado de
Coca-Cola ...

:)

Sue ha detto...

Qué tienes en contra de las que están solas y en pijama? Hombre, un respeto, por el amor de Dior!