Yo creí que éramos el fuego, pero no: era que ardíamos.
@LorenzoKraus
P., mi P. primigenio, el mismo con el que me puse contenta en el Barrio Gótico de Barcelona abonando los cubatas con dinero público, me lo decía estaba mañana.
@LorenzoKraus
P., mi P. primigenio, el mismo con el que me puse contenta en el Barrio Gótico de Barcelona abonando los cubatas con dinero público, me lo decía estaba mañana.
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Se trata de sobrevivir, Lari. De sobrevivir.
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Sobrevivir es una mierda, P. -alego y, como de costumbre, llevo
razón-. Sobrevivir es asqueroso, es vomitivo. Es secundario.
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O no -apostilla el que fuera un príncipe y ahora es casi un escombro
de sí mismo-. Si te das cuenta, es sobre-vivir. SOBRE-VIVIR. Sobre,
por encima de vivir. ¿Ves?
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Si es que en el fondo eres un poeta....
Mi
ángel, que me salvó, se murió y resucitó para volver a salvarme,
lo señalaba en una de nuestras místicas conversaciones sin voz,
días antes de morirse otra vez.
-
Yo no puedo estar siempre, pequeño saltamontes -apuntaba y resulta
que es verdad-. Te enseñé a hacerlo, no se te puede estar olvidando
siempre. Eres muy tontica -esto también es verdad-, mucho. Ahora
toca dar carpetazo. Y quemar la carpeta.
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Gracias...
-
A mí no me des las gracias, me obliga nuestra religión.
R.,
a quien no me follé nunca, me acerca en su coche a la trinchera y me
habla de las bajas de la última batalla. Veo de lejos a un soldado
del bando enemigo que montó el Amor de Mi Vida, pero no le digo que
él fue el Amor de Mi Vida y que, probablemente, lo siga siendo. R.
es la causa por la que mi amiga L. tuvo que dejar la ciudad
precipitadamente, tras admitir, en una de las confesiones públicas y
colectivas a las que también le obligaba su religión, el Opus Dei,
que bebía los vientos por ese humano, casado a los ojos de Dios y
con dos descendientes en su libro de familia. A L. la exiliaron y me
la quitaron por amor, el suyo, pero hoy R. me ha acercado en su coche
a la trinchera. Me gusta el colegueo antiguo con alguien a quien
conozco trece años y que jamás me ha besado en la boca. No por
falta de ganas.
-
Es que, quien vale, vale -considera mi amigo que no es mi amigo,
entre semáforo y semáforo-. Tú no has caído en la limpia por eso.
Porque vales.
-
No lo tengo yo tan claro, R.
-
Vales.
Desde
que E. me besó en la boca, sólo sé beber Santa Teresa con
Coca-Cola, y pido uno en el bar donde me besó por primera vez, y
cuento a mi respetable público cómo me besó por primera vez. A.,
que también quisiera ser besada por E., me aplaude, se lleva una
mano a la cabeza, me aplaude otra vez, sonríe, me envidia, me regala
el oído. Yo también me lo regalo. En voz alta. Es justo y
necesario.
-
… y por eso, a veces pienso: tengo que valer algo por cojones,
porque E. me besó en la boca. Aunque haya besado a cien mil tías en
cien mil ciudades distintas del globo, una de esas tías he sido yo.
Entonces tengo que valer. Porque E. no besa a cualquiera. Ya sabes.
E.
-
Qué fuerte, tía, cómo molas, joder, tía, qué fuerte.
-
Pues la verdad es que sí.
Llega
carta desde China y el matasellos está sellado en 1992. La paradoja
de lo efímero y lo eterno somos nosotros. Miro grafías en un idioma
que no conozco y sonrío por inercia. Sé el secreto para cambiar el
mundo, y no pasa por salvar a nadie. No se pueden imponer las
salvaciones, no a quien no quiere ser salvado. El Seguramente
Verdadero Amor de Mi Vida triunfa y yo me hago eco de su triunfo como
planeamos cuando lo sabíamos todo, esto es, cuando teníamos 11
años. Ahora ya apenas sabemos nada, pero de vez en cuando nos
acordamos de que sabemos el secreto para cambiar el mundo. Lo
verbalizamos juntos en un kebab a las cuatro de la mañana, y luego
me amaneció sobre sus rodillas, y el mundo era perfecto y estaba en
orden. A nadie le gusta coger autobuses llorando, pero, en nuestro
caso, cogerlos significa que hemos vuelto a ganar en todo. Efímero.
Y eterno.
El
Amor de Mi Vida no me quiere y yo fantaseo con cruzármelo en todas
las esquinas de la ciudad. Quiero contarle que me enamoré de otro
hombre que tampoco me quiere, y que la culpa la tiene él, por dejar
de quererme en 2010. Quiero recordarle que, en caso de que vuelva a
quererme, mantengo lo dicho en aquel correo en el que le mandé mi
dignidad como archivo adjunto, y que volvería a quererle con todas
mis fuerzas, aunque cada vez me queden menos. Quiero complicarme la
vida, porque hace demasiados meses que ya no lloro por él, aunque
hubo un tiempo en que no sabía dejar de hacerlo. Quiero contarle que
sale en un libro que es el spin-off del libro que siempre me insistió
en leer, pero que jamás le pasé, porque vale más que él mismo.
Quiero pasarle mi dirección, para que venga a casa, en el caso de
que algún día quiera tener otra casa. Quiero comentarle que es
factible seguir queriéndolo sin tenerlo en primer plano. Sin
prácticamente acordarme de que lo quiero.
Y,
al final, estoy sola, fumando compulsivamente, comiendo de
microondas, en pijama, y la única voz de hombre que suena en casa es
la de Horatio Caine en la tele. Qué pena más grande das, Larisa
Otero o como te dé la gana de llamarte. Qué asco, qué podredumbre
y qué bendición.






7 commenti:
A tus pies.
Así contado, suena bien.
E de Evaristo.
Lo de cruzarse en las esquinas de las calles depende un poco del tamaño de la ciudad, en mi caso es algo que me sucede habitualmente. De ahí mi enfermedad inolvidable y mis ñoñerías adolescentes. Pero sobre-vivo, más gracias a lo segundo que a lo primero. Y tú también.
Venga, va un abrazo con tonito veraniego.
Joer, chica, que mala suerte, lo siento. De todos modos recuerda que yo te sigo esperando aquí, en Quinta avenida entre las calles 59th y 50th. Justo enfrente del Rockefeller Center. Te estoy esperando para besarte apasionadamente. ;) No tardes.
Bueno, mientras no despiertes desnuda en la cama de Kiko Hernández no está todo perdido.
Ahora en serio, creéme, podría ser peor. Hay algunos subnormales por ahí que se dedican a piratear facebooks y aplaudir como focas amaestradas con cada migaja de información inútil que encuentran del Amor/obsesión/putalocurasinlógicaalguna de su Vida.
Todo por no admitir que hace tiempo que están fuera de la partida, o mejor, que nunca formaron parte de ella.
Esos gilipollas son los peores, si pudiera los apalearía.
Ciao.
Hacía tiempo que no te leía. Tus letras se ven muy mejor con ese ron Santa Teresa acompañado de
Coca-Cola ...
:)
Qué tienes en contra de las que están solas y en pijama? Hombre, un respeto, por el amor de Dior!
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